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ORACION A SAN BUENAVENTURA PARA PROBLEMAS DIFICILES Y ANGUSTIOSOS


 

San Buenaventura dichoso,
vuestras glorias cantaremos,
y en ellas admiraremos
lo que fuisteis tan venturoso.

Sol, fuisteis Buenaventura,
y luz del Divino Ser,
pues nacisteis rodeado
de divina compostura,
y en trono de luz tan pura,
serafín sois portentoso,
Buenaventura dichoso.

ORACIÓN AL MILAGROSO NIÑO DE ATOCHA PARA PEDIR LO QUE SE NECESITA

 

Sapientísimo Niño de Atocha,
general protector de todos los hombres,
general amparo de desvalidos,
médico divino de cualquier enfermedad.
 
Poderosísimo Niño; yo te saludo,
yo te alabo en este día
y te ofrezco estos tres Padre Nuestros,
Ave María con Gloria Patris,
en memoria de aquella jornada que hiciste
encarnado en las purísimas entrañas
de tu amabilísima Madre,
desde aquella cuidad santa de Jerusalén
hasta llegar a Belén.
 

ORACIÓN A SANTA ROSA DE LIMA PARA PETICIONES URGENTES Y PROTECCION


 

Señor, Dios nuestro,
Tú has querido que Santa Rosa
se consagre totalmente a ti,
por su amor virginal,
y por su penitencia de amor.

Haz que guiados por el ejemplo de su caridad,
seamos fecundos en el servicio de amor al prójimo,
como buenos testigos del amor de Cristo.

ORACION MUY PODEROSA A LOS ORIXÁS PARA PEDIR SU AYUDA Y PROTECION



Que la irreverencia y el desprendimiento de Exú
 nos animen a no encarar las cosas de la forma
como ellas parecen a primera vista
y que nos aprendamos que todo en la vida,
por peor que sea,
tendrá siempre su lado bueno y provechoso!

Laroiê exu!

Que la tenacidad de Ogum nos inspire
a vivir con determinación,
sin que nos intimide con piedras, espinas y tinieblas.

Su espada y su lanza desobstruyan nuestro camino
y su escudo nos defienda.

Oguñe meu pai!


Que la labor de Oxossi nos estimule
a conquistar suceso y abundancia
a costa de nuestro proprio esfuerzo.

Que sus flechas caigan enfrente nuestro,
a nuestras costas,
a nuestra derecha y a nuestra izquierda,
cercándonos para que ningún mal nos alcance.

Okê arô ode!

Que las hojas de Ossain
proporcionen el bálsamo revitalizante
que restaure nuestras energías,
manteniendo nuestra mente sana y cuerpo sano.

Ewe ossain!!.

Que Oxum nos de la serenidad
para accionar de forma consciente y equilibrada.

Tal como sus aguas dulces,
 que siguen desbravadoras en el curso de un rio,
entrecortando piedras y precipitándose en una cascada,
sin parar ni tener como volver atrás,
apenas siguiendo para encontrar al mar,
asi sea que nos podamos luchar por un objetivo
sin arrepentimientos.

Ora yeyêo Oxum!

Que el arco-iris de Oxumaré
transporte para el infinito nuestras oraciones,
sueños y deseos, y que nos traiga las respuestas divinas,
de acuerdo con nuestros merecimientos.

Aroboboi Oxumaré!

Que los rayos de Iansa alumbren nuestro camino
y el turbinado de sus vientos lleve para lejos
a aquellos que de nos se aproximan
con el intento de aprovecharse de nuestras flaquezas.

Êpa hey oyá!

Que las pedreíras de Xangô sean la consolidación
de la ley divina en nuestro corazón.

Su machado pese sobre nuestras cabezas
revolviendo la conciencia y su balanza
nos inculque el buen seso.

kaô! kaô cabecilê!

Que las ondas de Yemanjá nos descarguen,
llevando para las profundidades del mar sagrado
las aflicciones del día-a-día,
dándonos la oportunidad de sepultar definitivamente
 aquello que nos causa dolor
y que su seno materno nos acoja y nos consuele.

Odoyá Yemanjá!

Que las calabazas de Obaluaie
traigan no solo la cura de nuestros males corporales,
como también ayuden a nuestro espíritu
a despojarse de las vicisitudes.


Atotô Obaluaiê!

Que la sabiduría de Nanã
nos de otra perspectiva de vida,
mostrando que cada nueva existencia que tenemos,
sea aquí en la tierra o en otros mundos,
genera el bagaje que nos da medios
para alcanzar la evolución,
y no una forma de punición sin fin
como juzgan los insensatos.

Saluba Nanã!

Que la vitalidad de los Ibejis nos estimule
a enfrentar los sinsabores como aprendizaje;
que no perdamos la pureza,
que a nuestro alrededor
la tentación nunca nos envuelva.

Que la inocencia no signifique flaqueza,
mas sí refinamiento moral
¡Oni beijada!

Que la paz de Oxalá renueve nuestras esperanzas
de que, después de errores y aciertos;
tristezas y alegrías; derrotas y victorias;
llegaremos a nuestro objetivo mas noble;
a los piés de Zambi mayor!
Epa Babá Oxalá!

¡Que así sea!
¡Porque así será!
¡Porque así ya es!
Axé!

ORACION A SAN JUAN DE DIOS PARA ALIVIAR NECESIDADES, PENAS Y DOLORES

 

San Juan de Dios a todos extendía su ardorosa caridad: a los enfermos, a las viudas, a los huérfanos, a los pobres, a los ancianos, a los labradores arruinados por las cosechas, a las mujeres de mala vida, a los obreros sin trabajo, a los soldados que no recibían sus pagas, a los estudiantes que se encontraban en apuros, etc. Se podrían escribir páginas y páginas con un sabrosísimo anecdotario sobre la caridad de un alma de Dios tan grande.
 
ORACIÓN
 
¡Glorioso San Juan de Dios,
caritativo protector de los enfermos,
de los necesitados y desvalidos!

Mientras vivisteis en la tierra
no hubo quien se apartase
de vos desconsolado:
el pobre halló auxilio, amparo y refugio;
los afligidos consuelo y alegría;
confianza los desesperados
y alivio en sus penas y dolores
  todos los enfermos.

Si tan copiosos fueron
los frutos de vuestra caridad
estando aún en el mundo,
¿qué no podremos esperar de vos ahora
que vivís íntimamente unido a Dios en el Cielo?

 Animados con este pensamiento,
esperamos nos alcancéis del Señor
la gracia de…

(Hacer la petición)

si es para mayor gloria de Dios
y bien de nuestras almas.

Amén.

Rezar Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
 
EL AMOR A LOS POBRES DE SAN JUAN DE DIOS

Era cuando Juan estaba maduro ya en la santidad y cuando se apellidaba «de Dios», cuando el amor de Dios y del prójimo se había apoderado totalmente de su ser.

Juan se pasó los últimos años de su vida en medio de los más pobres humanos. ¿Quién sino un loco por Dios hubiera soportado lo que él soportó?

Del breve pero interesante epistolario del santo entresacamos algunos párrafos que valen más que todas las descripciones que pudiéramos hacer del ambiente en que derrochaba amor Juan de Dios. Dice en una ocasión:

«En esta casa (en el hospital por el fundado) se reciben generalmente de todas enfermedades y suerte de gentes, así que aquí hay tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, perláticos, tiñosos y otros muy viejos y muy niños».
 
 Y en otra ocasión:

«Cada día se me crecen las necesidades y angustias y en demás ahora y de cada día mucho mas así de deudas como de pobres, que vienen muchos desnudos y descalzos y llagados y llenos de Piojos, que ha menester un hombre o dos que no hagan mas que escaldar piojos en una caldera hirviendo y este trabajo será de aquí adelante todo el invierno»

Ante estas y otras citas, que sólo de contarlas dan náuseas, se derretía el alma de Juan de Dios. Y no había privación, dolor, trabajo o humillación que Juan no aceptara contento para remediarlas.

San Juan de Dios fue un santo extraordinario. Comparable a San Francisco de Asís por su sencillez, pobreza y humildad y también por su encendido amor de Dios y del prójimo. Ninguno de los dos fue sacerdote. Y, sin embargo, uno y otro conmovieron profundamente a sus contemporáneos y fueron verdaderos padres de las almas.

Es lástima que no se pueda resumir la vida de nuestro santo en tan poco espacio. Merecería la pena, ya que es hondamente edificante. Sobre todo desde el período de su ruidosa conversión. Su vida fue una entrega heroica ininterrumpida a Dios y al prójimo.

Como muestra, queremos traer unas líneas de uno de los primeros biógrafos del santo en las que se nos describe uno de los últimos rasgos de caridad del santo. Dice así:

«Eran tantos los trabajos en que Juan de Dios se ocupaba por dar remedio a los de todos, así en las camillas y en las salidas que hacia, en que padecía muchas frialdades, como del trabajo ordinario de la ciudad, que se desvencijó (¡se hizo polvo diríamos en nuestra época), y de esta enfermedad, como el le hacía poco regalo, padecía gravísimos dolores, y disimulaba cuanto el podía, por no darlo a entender y dar pena a sus pobres, mas estaba ya tan flaco y debilitado y sin fuerzas, que no lo podía ya disimular y sucedió a esta sazón, que el río venía muy crecido aquel año por las grandes aguas que habla llovido, y le dijeron a Juan de Dios que el río con la corriente traía mucha leña y cepas.
 
Y el se determinó, con la gente sana que había en casa, de irla a sacar, porque el invierno era muy fuerte de nieves y fríos, para que los pobres hiciesen lumbre y se calentasen. De meterse en el río con tal tiempo, cobro tanta frialdad, sobre la enfermedad que tenía, que aquejándole mas gravemente el dolor que sufría, cayo muy malo, y la causa de meterse tanto en el río fue que, de la gente pobre que venía a sacar leña, un mozuelo entro incautamente en el río mas de lo que se podía, y la corriente lo arrebató y se lo llevaba, y Juan de Dios, por socorrerle, entro mucho, y al fin se ahogo, que no pudo asirle Y de esto cobró mucha pena, de manera que su enfermedad se iba agravando cada día mas»

Juan de Dios siguió «desvencijado», como dice su biógrafo, pero infatigable en sus extremadas penitencias y en sus trabajos por los pobres y enfermos. Hasta que le tocó caer en la brecha.

Fue el 8 de marzo de 1550. Tenía Cincuenta y Cinco años.

Presintiendo la hora de su muerte, ya en su última enfermedad, pidió que le trajeran el Santísimo. Antes se había confesado con gran fervor. Comulgar no pudo, por no resistir su estomago ningún alimento.
 
Habiendo llamado a Antón Martín, a quien tiempo atrás había convertido y hecho su colaborador más fiel, le recomendó que atendiera en lo sucesivo a sus pobres y enfermos. Y viendo que se moría, se levantó de la cama, se puso de rodillas y, abrazando un crucifijo, dijo:
 
"Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo».
 
Momentos después, entregaba su alma a Dios, quedando su cadáver de rodillas, con suma admiración de todos los que estaban presentes a su muerte.

Su entierro fue uno de los más solemnes que jamás conociera la ciudad de Granada. El que doce años antes había sido corrido por las calles como loco, era proclamado por todos unánimemente como santo. Pero era igual. ¿No había sido realmente loco, loco por el amor de Dios?

ORACION A SAN FELIPE NERI PARA NECESIDADES, PREOCUPACIONES Y TRISTEZAS




Bienaventurado San Felipe Neri,
 santo patrono de la alegría,
 tú que confiaste en la promesa
 de las Santas Escrituras,
 de que el Señor está siempre
al alcance de todos
 y que no necesitamos tener ansiedad por nada,
 en tu compasión y gran bondad:
 sana nuestras preocupaciones y tristezas
 y levanta las cargas de nuestros corazones.

 Venimos a ti con un corazón lleno
 de abundante amor a Dios y toda la creación. 

 
En nuestro pesar, te rogamos,
 sobre todo por esta necesidad
que angustia nuestro corazón
y nos causa tristeza y preocupación:

 (hacer la petición).

San Felipe bondadoso protégenos
 por medio de tu intercesión amorosa,
 y que el gozo del Espíritu Santo
 que llenó tu corazón,
 transforme nuestras vidas
 y nos conceda la paz.

Te lo rogamos por Jesucristo nuestro Señor
por su amada Madre la Virgen María
y por los dones del Espíritu Santo.

 Amén.

Rezar la Salve, el Credo y Gloria. 
  Repetir tres días seguidos la oración y los rezos.
 
INFANCIA DE SAN FELIPE NERI

El segundo de los hijos, y primero de los varones, del señor Francisco Neri, ciudadano de Florencia (Italia), nació el día 21 de julio del año 1515, a las seis de la tarde, pero según nuestro modo de contar el tiempo, corresponde a las dos de la madrugada del día siguiente, o sea el 22, fiesta de Santa María Magdalena.
 
El recién nacido fue llevado aquella misma mañana al baptisterio, donde recibió los nombres de Felipe y Rómulo. El padre de Felipe era notario, profesión bastante considerada entonces en Florencia, por ser una de las Artes mayores cuyo ejercicio capacitaba para obtener la magistratura; pero el señor Francisco no alcanzó nunca gran renombre en el ejercicio de dicha profesión y su condición social fue siempre modesta.
 
Su hija Catalina era mayor que Felipe, y Elisabet, la menor. Un cuarto hijo, Antonio, vivió poco; así es que al morir Felipe, se extinguió con él la familia.
 
Felipe apenas si llegó a conocer a su madre, la señora Lucrecia de Mosciano, ya que ésta murió poco después del nacimiento de Antonio, el año 1520; pero más adelante, su padre contrajo segundas nupcias con una mujer de muy buen carácter, con la que Felipe se avino perfectamente, y ella, a su vez, le distinguió con tan singular afecto, que aun en su lecho de muerte se interesaba por él.
 
El mismo año del fallecimiento de la madre de Felipe, la familia se fue a vivir a la parte de la ciudad que domina el río Arno, llamada Costa de San Jorge. Desde allí gozaban de un magnifico panorama, viendo más allá del río, la ciudad extendida a sus pies, y al fondo la colina coronada con la pequeña ciudad de Fiésole.
 
Felipe era un niño singularmente agraciado, de modales finos, de espíritu alegre y afectuoso; era de aquellos que se ganan fácilmente la simpatía de los demás. De esto y de lo excelente de su conducta nos ofrece una buena prueba el que sus conciudadanos le distinguieran con el nombre de "Pippo buono" (Felipillo el bueno).
 
No hablaba de ser sacerdote ni monje, ni tampoco gustaba de devociones como el adornar capillitas u otras cosas parecidas. Pero le gustaba visitar las iglesias de la ciudad y uno fácilmente se lo imagina sentado en algún rincón del templo, gozando su alma en aquel ambiente de dulce paz.
 
Sobre todo le gustaba visitar el convento de San Marcos, pues tenía amigos muy queridos en él, como los Padres Dominicos. Su predilección por la Orden de Predicadores duró tanto como su vida.
 
Siendo ya muy anciano dijo a los padres de esta Orden, del convento de la Minerva, en Roma: "Todo lo bueno que haya habido en mí desde mi juventud lo debo a vuestros padres de San Marcos".
 
Un día, cuando apenas contaba ocho años de edad, sus padres se lo llevaron a Castelfranco, de donde era oriunda la familia, y donde el señor Francisco tenía una heredad.
 
Llegados allí, dejaron al niño solo en el patio de la casa para que se entretuviera jugando. ¿Podía haber nada más divertido para un niño de su edad que el saltar a la grupa de un borrico que había ahí, bien cargado de frutas y de hortalizas?
 
Desgraciadamente ocurrió que, estando el borrico al borde de una escalera de piedra que conducía a la bodega, cuando Felipe intentó dar el salto sobre el animal, éste con su carga y el niño rodaron abajo, con tan mala fortuna que asno y carga quedaron encima de Felipe. Todos le creyeron muerto, pero no sólo le sacaron con vida, sino casi sin lesión alguna. El propio Felipe siempre consideró milagroso tan feliz resultado de su travesura.
 
Muy joven se trasladó a la villa de San Germán, donde un tío suyo quiso hacer de él un comerciante, pero según declaró él mismo tiempo después, este oficio duró "sólo unos pocos días".
 
Los italianos, sin embargo, usan frases muy poco precisas para medir el tiempo. Pedirle a uno que aguarde "un momentino", a menudo equivale a hacerle aguardar poco menos de una hora. Así es que las palabras "unos pocos días" pueden significar algunos meses.


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