En ninguna sociedad humana, por arcaica que pueda parecernos, ninguna persona puede convertirse en mago de un día para otro, sino que está previsto un proceso de aprendizaje largo y cansado, durante el cual el aspirante tiene que ser atendido por un maestro preparado que lo guíe en todo momento supervisando sus progresos y errores.
Este proceso provoca un cambio tan radical en la personalidad, que las civilizaciones primitivas veían en él la muerte del aspirante, el desmembramiento de su cuerpo y su reconstitución por obra de los espíritus.
Sin llegar a tanto, aconsejamos emprender este proceso de renovación a través de una serie de ejercicios preliminares, que tendrían que realizarse antes de empezar el verdadero curso.
La primera serie de ejercicios tiene precisamente la finalidad de reforzar la voluntad. Tal vez alguien pueda encontrar ridículo este consejo, pensando de forma errónea que el deseo es una acción espontánea y, por lo tanto, fácil de llevar a cabo.











