Gloriosa Madre de Dios,
venerada Nuestra Señora de Smelcen
que siempre has atendido con tu poderosa gracia
a quienes a ti, con humildad nos dirigimos.
Postrado hoy ante ti
y apelando a tu santa voluntad me hallo,
porque mi fe en ti no conoce límites,
y tengo la credibilidad y la certeza de que mi súplica
ha de ser escuchada y atendida por ti, Gran Señora.











