NUESTRA SEÑORA DE SMELCEN, ORACIÓN PARA MOSTRAR EL SINCERO ARREPENTIMINTO DE UN PRESO Y LOGRAR SU MISERICORDIA

 

Gloriosa Madre de Dios,
venerada Nuestra Señora de Smelcen
que siempre has atendido con tu poderosa gracia
a quienes a ti, con humildad nos dirigimos.

Postrado hoy ante ti
y apelando a tu santa voluntad me hallo,
porque mi fe en ti no conoce límites,
y tengo la credibilidad y la certeza de que mi súplica
ha de ser escuchada y atendida por ti, Gran Señora.



Tu eres la beldad ante la que mis ojos lloran e imploran,
porque conozco los milagros que has realizado
ante los que a ti humildemente se dirigen,
a los devotos tuyos,
 a los que nunca niegas ninguna gracia

Se mi benefactora hoy, Santa Madre mía,
porque ante ti, comparezco lleno de buena voluntad,
con arrepentimiento de mis pecados
y venerándote sin limites ni fronteras.

Tu todo lo puedes, generosa Señora,
tu todo lo consigues con una sola sonrisa
ante tu Magnifico Hijo.

Ruega hoy por mi, Santa Señora
para que yo pueda obtener de su misericordia
que la causa judicial a la que me enfrento
obtenga una resolución favorable a mi favor,
que deje de ser perseguido por la justicia humana,
que tan injusta fue con Él mismo.

Mi arrepentimiento es palpable y demostrado,
te aseguro Augusta Señora,
que he aprendido de mis errores,
que jamás volverán a repetirse,
porque fueron producto de una mala situación,
de un momento mal encauzado,
de la influencia de las malas compañías,
pero sobretodo, de mis errores y de mi mala voluntad
sobre la que he recapacitado
y siento un gran arrepentimiento.

Es por eso, generosa Señora,
que te solicito como mediadora y abogada,
para que una vez reconocidas mis culpas
y siendo consciente de mi culpabilidad
con mi promesa de no volver a caer
en circunstancias semejantes,
ante tus pies solicite sincero perdón
y la remisión de mis malas acciones.

Divina Señora, intercede por
 este culpable pecador,
y mostrado mi arrepentimiento más sincero,
obtén para mi una sentencia favorable
que me ayude a volver a empezar de nuevo,
y llevar una nueva vida en la penitencia
para solventar mis errores
y nunca jamás volver a cometerlos.

Santa Madre, dame tu ayuda y consuelo
porque estoy verdaderamente necesitado de ellos
y ayúdame a cambiar,
a mostrar los valores verdaderos de mi corazón
y mejorar día a día con tu ayuda.

Amén


Nuestra Señora de Smelcen recibe en Flandes el respetuoso culto de los campesinos y pastores de aquellas tierras, en las que tan milagrosamente se encontró la venerada imagen.

La tradición ha conservado hasta nuestros días la bellísima leyenda del descubrimiento de la escondida imagen.

Los piadosos aldeanos y devotos pastores que con frecuencia invocan su sagrado nombre para que les libre de los peligros, para que los proteja en sus adversidades, son los que mejor podrán referirnos cómo lograron poseer tan preciado tesoro.

Oigámosles, pues, que ellos sabrán adornar su relación con inimitable poesía, con esa poesía sencilla, al par que fresca y lozana, como las flores que crecen en sus campos.

Los pecados de los hombres habían una vez más irritado al Dios de los ejércitos. Capitaneados por Atila, por el azote de Dios como le apellidaban las gentes aterradas al ver los estragos que hacia por donde quiera que pasaba, los hunos, los godos, vándalos y demás pueblos bárbaros, se encargaron de castigar el orgullo y soberbia de aquellos altivos romanos señores aun del mundo entero.

Había sonado la hora de la justicia: esta debía cumplirse, y la confusión y el espanto sucedió a la vanidad y fanfarronería del pueblo conquistador.

Arrollados también los cristianos por el furor de los bárbaros, no pudieron impedir que sus templos fueran profanados, pero sí lograron sustraer algunas de las imágenes y reliquias mas veneradas.

Antes de que aquellos fieros soldados asolaran sus ciudades, preparados para la fuga o la cruel suerte que el vencedor les diera, salían por los campos, y allá en escondido bosque, o en la ignorada cueva de la montaña, ocultaban sus imágenes, esperando en la misericordia del Señor que volvería a darles mas pacíficos días para poder tributarlas otra vez su culto.

Bella esperanza que aquellos fieles cristianos no veían realizarse, quedando solo a sus sucesores el alto honor de sacarlas de sus desconocidos asilos, para llevarlas con toda pompa y solemnidad a los altares.

Y esto que sucedió con la imagen de Nuestra Señora de Smelcen, sucedió también con otras infinitas imágenes de la Santísima Virgen por todas las partes del mundo.


Admirables prodigios y sorprendentes milagros han hecho que fueran descubiertas por los devotos de María, los que agradeciendo tan especial favor han propagado su culto, trabajando sin cesar para que a todas horas se la alabe y bendiga como amorosa Madre de Jesucristo, como Madre también y protectora de todos los cristianos.

Ved como se halló la imagen de la Virgen de Smelcen:

Los primeros rayos del sol alumbraban la campiña.

La naturaleza, despertando del profundo letargo de la noche, entonaba como todos los días el cántico de gratitud al Creador con sus propias armonías.

Ya hacía algunas horas que el madrugador pastor había llevado sus ganados a la montaña.

Otra vez debían bajar luego al llano, para internarse en los prados vecinos.

Pero el divino Señor desea que tengan las gentes de Smelcen la imagen de su amorosa Madre, que había sido escondida en el campo, cuando la invasión de los bárbaros.

A las tristes épocas de continuas guerras, a aquellos desgraciados tiempos de ruinas y confusión, seguían otros mas pacíficos y bonancibles.

La tierna plegaria del campesino subía hasta el Cielo desde el mismo sitio donde se dedicaba a sus faenas agrícolas.

Sus ojos se elevaban al cielo, buscando en él al Supremo Hacedor para que oyera benigno sus fervientes súplicas.

En otro tiempo tenia una capilla a donde poder ir a orar ante la preciosa imagen de la Reina de los Angeles. En otro tiempo, postrados humildemente en las gradas de su altar, Ella era quien escuchaba sus palabras, y quien demandaba a su divino Hijo inmensos beneficios para sus fieles y devotos.

Dios, por fin, se condolió de la triste suerte de sus creyentes.

Al descender los ganados de los montes para pasar a los prados, se detienen las inocentes ovejas ante un pequeño monte formado al parecer de tierra situado junto al camino.

Con gran sorpresa los pastores que conducen los rebaños, notan que al pasar estos cerca de aquel montecillo se paran sin querer ir mas adelante.

Sus gritos, sus amenazas de nada sirven. A la sorpresa sucede en los pastores el miedo. ¿Qué poder misterioso impide a sus rebaños continuar su marcha?

Pero la sorpresa, y después el temor de los sencillos pastores, debía cambiarse pronto en admiración al reparar que todas sus ovejas doblan las rodillas e inclinan sus cabezas ante aquel montón de tierra.

Reunidos, por fin, en gran número, se deciden a averiguar la causa de tan extraño fenómeno.

Todos se dirigen al montecillo, y aunque al principio con algún recelo, van separando poco a poco y a fuerza de trabajo la tierra que lo forma. Su tarea no cesa, y ya mas animados al ver que nada de particular les sucede en su operación, tratan de ahondar el terreno.

Las ovejas en tanto, a pesar de los esfuerzos de sus pastores, continúan de rodillas todas inclinadas sus cabezas ante el sitio en que se practica la excavación.

Por último, los picos y puntiagudas piedras de que se sirven, tropiezan con un objeto desconocido.

Separada la tierra con sumo cuidado, aparece por fin radiante de gloria una preciosa imagen de la Virgen María.

Postrados humildemente de rodillas, adoran cual sus rebaños a la imagen, y después de avisar a las gentes de las poblaciones cercanas, determinan trasladarla de aquel sitio a un templo donde pueda tener su trono al lado de sus santos mas venerados.

Allí vuelve a recibir adoración de los pastores y campesinos, que atribuyendo piadosamente a milagro obrado por el Altísimo tan singular suceso, agradecen el favor que el cielo quiere hacerles proporcionándoles la bendita imagen.

Dicen aquellas sencillas gentes por qué es tan grande la devoción a aquella sagrada imagen tan maravillosamente hallada. Por qué su bendito nombre se encuentra continuamente en sus labios para alabarlo y glorificarlo.

—No hay para nosotros ningún peligro, no podemos temer nunca las iras del cielo, os contestarán, porque la Virgen Santísima, oculta en honda sima, ha querido por medio de portentos admirables salir de ella y hallarse entre nosotros, para escuchar nuestras cuitas, para consolarnos en nuestras aflicciones, para evitarnos todo mal, y para que siempre con fervor podamos decirla:

¡Bendita sea nuestra Abogada y Protectora! Sea siempre alabada Nuestra Señora de Smelcen.

 
 
 
 

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