CHANGÓ ¿QUIÉN ES? REZO Y OFRENDAS

 
El más popular y pintoresco de los orishas es indudablemente Changó, el dios del fuego y el rayo, tempestuoso y apasionado.

El origen de Changó también es tema de muchas controversias, pero la mayoría de los santeros coinciden en que es hijo de Yemayá y Aganyú. Es extremadamente viril y un gran mujeriego.


Su esposa es Oba, pero Oshún y Oyá son dos de sus concubinas favoritas. Las leyendas concernientes a Changó son tan numerosas que se necesitarían mucho tiempo para contarlas todas con propiedad. Por lo tanto, me limitaré a algunas de las más pintorescas.

En la más conocida de las leyendas de Changó, Oba, sincretizada como Nuestra Señora del Monte Carmelo, quería asegurar la fidelidad de Changó para tenerlo para ella sola. Se quejó a Oshún de las aventuras amorosas constantes de su esposo, sin saber que ella era uno de los intereses extramaritales de Changó. Oshún dijo a Oba que el mejor modo de retener a su esposo era cortarse una de las orejas y servirla al dios en una sopa (cararu) hecha con su quimbombó predilecto.
Oba oyó este consejo, mal intencionado, y se cortó prontamente una oreja y preparó con ella una sopa para el dios.
 
Cuando llegó el orisha por la noche, notó que la cabeza de Oba estaba cubierta con un pañuelo blanco. La interrogó respecto a eso al sentarse a cenar, pero ella le dio una contestación evasiva. Él terminó de cenar y fue a visitar a Oshún. Tan pronto como lo vio la diosa, lo informó de lo que había hecho Oba. El dios del trueno volvió a su ilé, enfurecido indeciblemente, y arrancó el pañuelo de la cabeza de Oba, descubriendo su oreja mutilada. Salió de casa, disgustado por esa acción, y aunque ella siguió siendo su esposa oficial, él jamás vivió nuevamente con ella.
 
En otra versión de la misma historia, fue Oyá y no Oshún quien dijo a Oba que se cortara una oreja y la sirviera a Changó. Oyá, que es la esposa de Oggún y la concubina favorita del dios del trueno, le fue quitada por Changó a su marido para vengar una ofensa de Oggún a Obatalá. Los dos orishas han sido enemigos enconados desde entonces y los santeros dicen que esa es la razón por la que el hierro (Oggún) se convirtió en un blanco constante de los rayos (Changó).

Oyá es la patrona del fuego y según la leyenda, fue ella quien dio a Changó el poder sobre el fuego y el rayo.

En otra historia, Changó fue tomado prisionero por algunos de sus enemigos y puesto en prisión. Había dejado en casa de Oyá el mortero que utiliza para preparar sus rayos y por lo tanto estaba indefenso. Cuando Oyá supo que Changó estaba en la cárcel, mezcló un rayo en el mortero del dios y lo envió contra la prisión de su amante, poniendo en libertad al orisha. Después voló a través del aire envuelto en llamas y alejó a Changó de sus enemigos en un torbellino de fuego.

 
En otra parte más de la leyenda, Oyá salva nuevamente la vida de Changó vistiéndolo con su ropa y cortándose sus largas trenzas para prenderlas a la cabeza del dios. Disfrazado así, Changó pudo escapar de sus enemigos, quienes estaban apostados fuera de su puerta, aguardando a que saliera de su ilé. Los santeros dicen que esta es la causa por la cual Changó viste en algunas ocasiones como mujer (está sincretizado como Santa Bárbara).


Pero Changó y Oyá no siempre están en relaciones tan armoniosas.

Algunas veces se empeñan en batallas furiosas, provocadas de ordinario por los deslices galantes de Changó. El resultado de estos combates es siempre un empate, ya que ambos orishas son igualmente poderosas. En algunas ocasiones, Changó puede derrotar a Oyá mostrándole la cabeza de una oveja decapitada, la única cosa a la que teme la diosa. Otras veces, Oyá vence a Changó mostrándole un cráneo humano, el único temor del orisha.

La leyenda de Changó proviene de la tierra de Takúa. El dios es conocido también como Alafi y Abakoso. La Tabla de Ifá le pertenecía originalmente, pero la dio a Orúnla a cambio del don de la danza. Orúnla, que es un dios muy grave, había sido bendecido por Olofi con la habilidad para bailar mejor que cualquiera de los otros orishas.
 
Todos los obsequios de Olofi son como joyas que se llevan como adornos, pero se puede disponer de ellas cuando uno quiera.
 
Changó, que adora danzar y exhibirse ante las damas, no gozaba teniendo que aceptar que Orúnla era un mejor bailarín que él. Al notar que a Orúnla parecía agradarle más la Tabla de Ifá que la danza, le ofreció la tabla mágica a cambio del don de la danza. Orúnla, un tipo bastante estudioso y de mente profunda, introspectiva, y una preocupación constante por las cosas espirituales, aceptó ansiosamente y con el tiempo adquirió tal pericia en la interpretación del oráculo que pronto se convirtió en uno de los más respetados y admirados de los dioses yorubas. Se dice que Changó nunca lamentó el cambio (si eso fuera posible para un dios tan hermoso y lleno de talento como tiene fama de ser), pues se hizo más popular que nunca entre las damas.

Los objetos consagrados a Changó son un castillo pequeño que lleva con él a dondequiera que va, y el mortero con el que hace sus rayos. Otro de sus símbolos es una espada o hacha de doble filo que emplea cuando está en guerra. Es interesante notar que la imagen católica de santa Bárbara tiene un pequeño castillo a sus pies, mientras sostiene en sus manos una espada y una copa (mortero).

Changó es el único orisha adorado por los mayomberos, quienes aseguran que el dios nació en el Congo y no en Nigeria. Lo llaman Nsasi, que es también el nombre africano con el que se designa a la palmera.

Su madre es Kalunga, la diosa del agua de los mayomberos. Nsasi es el rey de los mayomberos, el brujo más poderoso de todo el mundo, según los congos.

El color de Changó es el rojo, y todos los santeros devotos de él llevan siempre algo rojo sobre su persona. Los santeros emplean al dios principalmente para vencer enemigos o para dominar a una persona.
 
Una medida protectora común usada por un omo-Ghangó contra alguien que quiere perjudicarlo, es comprar para el dios unos bananos y un plato grande blanco con borde rojo. Invoca a Changó y pide al dios que proteja a su omo-orisha y castigue al enemigo. Cubre con manteca de corojo uno de los bananos y lo ata con una cinta roja. Repite esta acción con tres bananos más, haciendo un total de cuatro, el número consagrado a Changó. Cada vez que hace un nudo en un listón repite la invocación a Changó. Pone sobre el plato los cuatro bananos así atados, enciende una vela e invoca a santa Bárbara (Changó) y le ofrece los bananos, repitiendo su petición. Los bananos se dejan pudrir a los pies de la imagen.

Cuando están podridos completamente, los envuelve con un pedazo de papel y los lleva a una palmera. Se aleja con la certidumbre completa de que santa Bárbara-Changó-Alafi-Abakoso protegerá a su omo-orisha y se encargará del enemigo con la rapidez acostumbrada del dios.
 
Los santeros dicen que el omo-Changó auténtico es el que nace ya marcado por el orisha. La marca es por lo común una cruz en el techo del paladar. A la hora del nacimiento de un omo-Changó, hay muy frecuentemente una tormenta de rayos, y el relámpago cruza el firmamento.

En algunos lugares de Cuba, los cabellos de estos niños no se cortan antes de la pubertad, sin importar el sexo.
 
Los omo- Changó pueden predecir comúnmente el futuro con exactitud misteriosa. Son capaces de tomar con impunidad el fuego, sin quemarse.
 
Es frecuente ver a una iyalocha, una "hija" de Changó, poseída por el orisha, lavándose con alcohol los brazos hasta los codos y prendiéndoles fuego. Purifica con las manos llameantes a varias personas presentes en la ceremonia, sin quemarles la ropa o la piel. Cuando concluye, sacude los brazos algunas veces y las llamas se apagan, sin dejar ningún rastro de quemadura en los miembros.

Como Changó es el dios del relámpago y del rayo, nada podía ser más natural que invocarlo cuando hay una severa tempestad eléctrica. Los santeros recomiendan quemar en esas ocasiones algunas de las palmas dadas por la Iglesia Católica el Domingo de Ramos y esto apaciguará a Changó, y la tempestad amainará. Estas palmas se conocen como guano bendito.

ORACIÓN A CHANGÓ - SANTA BÁRBARA
 
Oh, poderoso Changó,
acuérdate que jamás se oyó decir
que ninguno de los que a ti han recurrido,
ninguno de los que han invocado tu protección
e implorado tus auxilios
haya sido por ti abandonado.

Hoy recurro a ti
oh! poderosa Santa Barbara, Changó,
para pedirte por mi progreso, mi suerte,
atracción de todas las cosas buenas
y de lo que por mí sea pedido,
para que me sea dado
por la intercesión tuya ante Dios.

¡Changó!

Padre mío: Mírame, protégeme.
Aleja los malos pensamientos de mis enemigos,
los malos espíritus, las malas vibraciones
y trae para mí y los míos alegría,
salud y prosperidad.

¡Recuerda que soy tu hijo (a)
y que tu eres el dueño de mi casa!

Así sea.

 

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