ELEGGUÁ, ¿QUIÉN ES? REZO Y OFRENDAS


Todos los santeros convienen sin ninguna controversia en que después de Obatalá, el más poderoso de los orishas es el malicioso y formidable Elegguá.
 
La fuerza feroz de Changó, el talento de Oggún para la guerra, la influencia de Yemayá y de Oshun en asuntos familiares o económicos serán nulos, a menos que se haya conseguido previamente la buena voluntad de Elegguá.


Los poderes temibles de este orisha se explican con una leyenda:
 
Olorún-Olofi, el padre eterno, estaba muy enfermo en una ocasión, víctima de un mal misterioso que no lo dejaba trabajar en los campos. Todos los orishas habían intentado curarlo, pero sin ningún resultado. Elegguá aún era un niño (en realidad, muchos santeros consideran que todavía es un niño), pero pidió que lo llevaran con el creador, ya que aseguró que sabía cómo curarlo. Lo llevaron prontamente a la presencia de Olofi y mezcló sin ninguna demora un brebaje (ogbo) con algunas hierbas y lo dio a Olofi.
 
El padre de los dioses recuperó la salud y su fuerza en pocas horas y lleno de gratitud hacia Elegguá, ordenó a los demás orishas que a partir de ese momento, Elegguá sería el primer dios honrado en cualquiera de sus ceremonias. También le dio una llave para todas las puertas y lo hizo el propietario y guardián de todos los caminos.
 
El poder de Elegguá quedó establecido desde ese tiempo. Es el primero en ser honrado por los santeros en los güemileres y debe ser apaciguado y satisfecho antes que se ejecute cualquier hechizo, ya que de otro modo los resultados serán nulificados.
 
Los santeros piensan que cuando Elegguá está feliz y es propicio, puede modificar y mejorar el destino más adverso, pero cuando se le ofende es capaz de destruir a la persona más poderosa y próspera. Si alguien cree que va a ser atacado o perjudicado de cualquier manera, solamente tiene que hacer una ofrenda a Elegguá y el orisha salvará la vida de la persona.

El origen de Elegguá es muy vago. Algunos santeros dicen que es hijo de Oyá, esposa de Oggún y amante de Changó, pero el nombre de su padre está envuelto en el misterio.
 
Otra versión de su origen relata que es hijo de Alabbgwanna, identificada por los santeros como el "ánima sola", a quien se invoca en casos desesperados, especialmente para problemas de amor. Según esta historia, tan pronto como tuvo edad para andar, Elegguá ató con una cadena las manos de Alabbgwanna y huyó para vivir atenido a sus propios recursos.
 
Creció solo y luego se hizo amigo de Oggún, con el que ha tenido aventuras incontables. En su calidad de amigo de Oggún es conocido como Eshu Ogguanilébbe, un ser sanguinario y astuto que es la causa de los accidentes automovilísticos y descarrilamientos ferroviarios. Siempre que Oggún, quien se alimenta con sangre, está hambriento, llama a su compañero temible, el cual mata un perro o provoca un accidente fatal para que Oggún pueda comer.

Como algunos de los otros orishas, Elegguá tiene muchos aspectos, veintiuno en total. El más viejo de los Elegguas es Elufe, cuya imagen se labra en una piedra plana y ancha y se conserva en los patios. Anagüi, uno de los aspectos más importantes del orisha, es el guardián de las puertas de los cementerios; decide y distribuye el trabajo de los otros Elegguas. Alaroye es amigo de la diosa Oshún y es el que vive atrás de las puertas. Ayeru es el mensajero y protector de Ifá. Baraine es amigo y mensajero de Changó...

 
Pero el más temido de los aspectos de Elegguá es Eshú, a quien se le identifica con el concepto cristiano del diablo. Se cree que el 24 de agosto, día de san Bartolomé, Eshú ronda por las calles, dispuesto a causar tantas dificultades como pueda. Es una entidad tenebrosa que vive en la oscuridad. Como Eshú Oku Oro controla la vida y la muerte.

Como Eshú Bi, es el rey de la maldad y permanece en los rincones.

Como Eshú Alayiki, es el portador de lo inesperado. Pero algunos santeros dicen que Eshú, sin más apelativos, es los veintiún Elegguas en uno.

Elegguá, Oggún, Ochosi (el cazador divino) y Osain son amigos muy íntimos. En algunas ocasiones trabajan juntos para crear los bilongos más temibles.

Los seguidores de Elegguá siempre tienen su imagen en sus hogares. Los santeros preparan esta imagen de acuerdo con el temperamento, el ángel guardián y las características personales del individuo para quien se hace. La imagen se prepara con diferentes tipos de tierra, tomados del cruce de cuatro caminos, de un hormiguero, del atrio de una iglesia, de un hospital, de la cárcel pública y de una panadería. Estas tierras se mezclan con algunas de las hierbas sagradas del orisha, la cabeza de una tortuga, una piedra de un campo abierto, y veintinueve monedas de distintas denominaciones. El santero humedece cemento con omiero, el líquido sagrado del asiento, vino y miel, añadiendo todos los otros ingredientes. Modela con esta mezcla la cabeza del orisha. Los ojos y la boca se forman con tres caracoles pequeños.

Después que seca el cemento, el santero entierra la cabeza antes del alba en el cruce de cuatro caminos (gwagwa o dé), de modo que el espíritu del orisha pueda entrar a la cabeza y animarla.

Luego de siete días, exhuma la cabeza y llena el agujero desocupado con tres gallos, cuya sangre rocía en la cavidad.

También pone dentro del hoyo algunos bananos, maíz, velas y algunos de los alimentos predilectos de Elegguá. Rocía todo con una cantidad generosa de ron y llena la cavidad con tierra. De vuelta en casa, el santero sacrifica al dios una cabra o un ratón, o si no puede obtener ninguno de estos animales, los sustituye con un pollo negro. Entonces la imagen ya está consagrada y tiene todos los poderes de Elegguá. Es Elegguá. La cabeza de piedra se mantiene en un gabinete pequeño próximo a la puerta.

Cada lunes y el tercer día de cada mes se saca del gabinete y se le expone a la luz del sol por algunas horas antes del mediodía.

Luego se unge con una grasa especial conocida como manteca de corojo y devuelta al gabinete. El devoto vierte tres veces un poco de agua sobre el suelo frente a la imagen, llena su boca con ron y roda la piedra con el líquido. Después enciende un puro y exhala el humo hacia la imagen, pues Elegguá es aficionado exagerado de los cigarros.
 
El puro se coloca, todavía humeando, a un lado de la imagen. Entonces Elegguá es "alimentado" con trozos de zarigüeya ahumada, coco y algunos granos de maíz, que se ponen junto con algunos dulces en el recipiente de barro donde se conserva la imagen. Se enciende una vela junto a la puerta del gabinete, que se mantiene abierta todo el día.
 
Siempre que se ofrece comida a Elegguá (o a cualquiera de los otros orishas), es conveniente informar al dios qué tipo de alimento está consumiendo. El santero agrega usualmente algunas palabras en lenguaje "yoruba para honrar al orisha:

"Ala le ele cupaché ago meco Elegguá ake boru ake boye, tori toru la ya fi yoruare".

En una fórmula más complicada, se pide al orisha que proteja a la persona de la muerte, la enfermedad y las dificultades y que consiga para ella medios de vida (unyjun), suerte (iré) y dinero (owó).

" Elegguá obara ago kidúa didce emi, fu mi, etic omi, unu ana; uu Eshu, bara kikeño aña ago, cosí aro, cosi iku, cosi eyé, cosi ofo, cosi arayé, cosi achelú, iré, owó, ilé mi".

Siempre que se ofrece a Elegguá un sacrificio animal, el santero que está conduciendo el sacrificio debe recordar decir después de matar al animal, que no fue él, sino Oggún, quien lo mató. Oggún, que es el dueño de todas las armas de acero, tales como el cuchillo de los sacrificios, debe adoptar la responsabilidad por todos los sacrificios. El precio del sacrificio de un animal es de 3.15 dólares por cada una de las patas de la víctima.

Elegguá está sincretizado como el Santo Ángel Guardián, pero muchos santeros lo identifican con san Antonio, quien es también una representación de Ifá.

 
REZO A ESHU ELEGGUA
PARA ABRIR LOS CAMINOS

Mensajero divino.
 Mensajero divino de la transformación.
 Mensajero divino que habla con poder.
 Hombre de las encrucijadas.
 Baila con el tambor.
 Haga cosquillas a los pies del tambor.
 Muévase más allá de los desacuerdos.
 Las disputas son contrarias al espíritu del Cielo.
 Una los pies inestables de niños destetados.
 La palabra del mensajero divino
es siempre respetada.

 Utilizaremos su espada para tocar la Tierra.
 Mensajero divino, no me confundas.
 Mensajero divino, no me confundas.
 Mensajero divino, no me confundas.
 Deje que otro sea confundido.
 

Aleje mi sufrimiento.
 Deme la bendición de la calabaza.

Eleggua abre mis caminos.

 Que así sea.

EN YORUBA


 “Eshu Elegua oga gbogbo na mirin ita algbana
baba mi mulo na buruku nitosi le
 choncho kuelu kuikuo oki cosi ofo, cosi eyo,
cosi iku, cosi ano ni oruko mi
 gbogbo omonile fu kuikuo moducue, baba mi Elegua "

 Eshu
 Eshu Oddara
 Eshu lanlu ogirioko
 Okunrin ori ita
 A jo langa langa lalu
 A rin lanja lanja lalu
 Ode ibi ija de mole
 Ija ni otaru ba d'ele ife
 To fi de omo won
 Oro Eshu to to to akoni
 Ao fi ida re lale
 Eshu ma se mi o
 Eshu ma se mi o
 Eshu ma se mi o
 Omo elomiran ni ko lo se
 Pa ado asubi da
 No ado asure si wa
 Ashe.



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