OGGÚN, ¿QUIÉN ES? REZO Y OFRENDAS

 
Oggún es el dios de la guerra y los metales. Es el patrón de todas las cosas metálicas y da empleo cuando es necesario.
 
La mayoría de los santeros coinciden en que Oggún es hijo de Obatalá y Oduddúa, pero su origen verdadero está envuelto en el misterio.

Su esposa es Oyá, quien lo dejó por Changó al poco tiempo de su matrimonio.
 
Oggún es un amigo muy íntimo de Elegguá, quien lo auxilia cuando está en dificultades.
 
En una leyenda, después que nació Oggún, Obatalá lo abandonó en la selva, pues el niño fue producto de una aventura de amor ilícito del orisha. Elegguá estaba en las proximidades vagando por la espesura, cantando y recogiendo alguna hierba. Oyó al niño y fue a ver de dónde venía el grito. Halló a Oggún al pie del árbol, lo adoptó y lo crió en la selva.
 
El joven dios creció fuerte y saludable en la selva y muy pronto pudo empeñarse en combates con los dioses. Su valor era tan grande que su fama se propagó muy rápidamente.
 
En una de las leyendas, Oggún se casó con Yemayá, pero poco después del matrimonio, el anhelo de batallar se apoderó de él otra vez, y la dejaba sola por periodos prolongados para participar en guerras contra los otros orishas. Luchaba, día y noche sin interrupción, excepto para trabajar en su fragua.
 
Yemayá le suplicó que cesara sus constantes combates y cuando él se negó a hacerlo, decidió detenerlo a su modo...
 
Como diosa del mar, tiene dominio de las aguas del océano. Por lo tanto, produjo el diluvio universal, permitiendo que las olas del mar cubrieran la tierra. Esto puso fin definitivamente a las guerras de Oggún, y el dios, avergonzado por haber sido vencido por una mujer, volvió a la selva a ocultar su vergüenza a los ojos humanos. Desde esos tiempos permanece allí en la selva, sin salir de sus confines.

Según el mito yoruba, Oggún enseñó a los hombres a cazar. Sus altares se ponen generalmente bajo alguno de sus árboles favoritos.
 
Los yorubas invocaban la ayuda de Oggún antes de cada expedición de cacería y cada vez que iban a la guerra, sacrificando en su honor un perro o un gallo, para asegurar su auxilio en la lucha. Estas prácticas aún son observadas en África.

Oggún es utilizado también en curaciones difíciles, especialmente de tumores y de enfermedades de la piel. Un santero que conozco cuenta esta historia, que ya había oído yo en varias ocasiones:
 
Durante un güemilere, uno de los omo-orishas de Oggún fue poseído por el dios. Así poseído, se acercó a una mujer que padecía una úlcera abierta en una pierna y había asistido a la ceremonia con la esperanza de curarse. El omo-Oggún se arrodilló en el piso y procedió a limpiar la herida con la boca.
 
Otra mujer que estaba parada cerca no pudo soportar el espectáculo y vomitó allí mismo. El dios interrumpió la curación, encolerizado y volvió toda la fuerza de su ira contra la mujer infortunada que se había atrevido a interrumpirlo en forma tan despreciativa. La fustigó por haber mostrado repugnancia hacia su acción y le prometió que muy pronto ella misma sería objeto de la repugnancia de otros.
 

Poco después, la mujer curada por Oggún sanó de la úlcera, mientras que la que vomitó a los pies del orisha enfermó de tuberculosis. Como esta enfermedad es temida particularmente en los trópicos, nadie se acercaba a ella por temor al contagio. Así sé realizó la profecía de Oggún.

Ogun tiene un gran apetito y va a comer casi cualquier cosa. Le gustan los plátanos, el pescado ahumado, la jutía, las granadas, las uvas, las sandías, los puros, el ron, la ginebra, los plátanos, la cabra, el gallo y las palomas.

Oggún es uno de los orishas más populares y venerados y, como Changó, su ayuda se pide frecuentemente para vencer a un enemigo. Los santeros también preparan resguardos, usando al dios para proteger sus empleos o los de sus clientes. En la santería, está sincretizado como san Pedro.
 
INVOCACIÓN A PAPA OGGÚN
 
"Papá Oggún, tú el de la mirada fija de leopardo.
Tú, cuyos ojos no nos aburren.
A medida que miras hacia arriba desde el trabajo.
Estás condenado a hacer eternamente.
 
Tú conoces las tinieblas dentro de nosotros,
las bestias enjauladas por tan frágiles barrotes,
la ronda silenciosa de trabajo,
la dedicación, el ritmo del martillo sobre el yunque,
forjando las propias cadenas,
para liberar las manos de los demás.
Caza nuestra pereza como a un antílope asustado,
y no descanses hasta que nos hayas llevado al suelo,
que es donde pertenecemos.”

El canto de Oggún debe ir acompañado de un círculo de tambores. Es una armonía sin palabras que se canta sobre los tambores. Cada persona que no está tocando debe dar una vuelta golpeando el yunque con un martillo de metal, en honor a Oggún, el herrero.


 
 
 

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