OCHÚN ¿QUIÉN ES? ORACIÓN Y OFRENDAS


Ochún es la diosa yoruba del amor, del matrimonio y del oro y, por lo tanto, en la santería, es Oshún-Yalodde, sincretizada como Nuestra Señora de La Caridad del Cobre-patrona de Cuba. Es conocida afectuosamente como mamá Cachita, Yeyé-Cari y Yeyé-maru.

Es la diosa de las aguas fluviales y la Venus del continente africano. Es bella y coqueta y se le representa de ordinario con un espejo en las manos, peinando sus cabellos con un peine hecho de conchas de mar.
 
 
Yeyé-Cari abeberiye moroladde peine alamadde otto: los poderes de Ochún son ilimitados.
 
Ochún rige sobre el área abdominal y se la invoca frecuentemente durante los embarazos difíciles. Siempre está feliz y afable, adora bailar y contar chistes en los güemileres, pero también es terrible cuando se despierta su cólera.
 
Lydia Cabrera narra en su libro sobre santería, El monte, una historia concerniente a un babalao que incurrió en la ira de Ochún de la manera más infortunada. Parece que el santero era un orno-Oshún, un "hijo" de la diosa, y tenía en su posesión un manto de seda amarilla y un pavo real enorme, un ave consagrada a la orisha que se le había dado como un obsequio, por uno de sus devotos.

El santero tuvo la audacia, encontrándose en condiciones económicas deplorables, de vender el pavo real y empeñar el manto perteneciente a Ochún. Pocas horas después de esta acción cobarde, el balalao fue poseído por la diosa. En los alrededores, todos ya estaban en cama cuando despertaron por los gritos de cólera de la diosa, quien se lamentaba en los tonos más amargos de la acción del omo-orisha. Por fortuna vivían otros santeros en el área, y fueron llamados prontamente en ayuda del santero.

Ochún se conducía del modo más atemorizante, maldiciendo a su omo-orisha y acusándolo de haber dispuesto de sus propiedades sin su autorización. Se encontraba en un estado tan colérico que no descubrió que estaba en posesión del santero y pedía sin cesar que fuera llevado a su presencia para poder castigarlo de modo apropiado. Los testigos de esta molesta escena no sabían cómo explicar a la diosa que estaba "montada" en el santero a quien tanto deseaba castigar. Decidieron decirle que había salido de negocios en algún sitio, pero que tan pronto como volviera lo informarían de su enojo. La enfurecida diosa respondió que lo esperaría. Frente a esta nueva complicación, los santeros tuvieron que rogarle y suplicarle en exceso a la orisha para aplacarla.



Estaba respirando con dificultad, golpeando el suelo con los pies, furiosa indescriptiblemente, y por último tuvo que abanicarse con el agbebé (el abanico empleado cuando un dios se muestra demasiado contrariado). "Son míos, temí eiyé, quiero mi pavo real y mi manto"-gritó repetidas veces, y se tranquilizó únicamente después de muchas invocaciones y convino en partir, pero no antes de advertirles: "Díganle que si no me devuelve mis propiedades va a ikú ("morir"). Si no ha devuelto todo en tres días va a saber quién es Yalodde. Obisú ñaña, niákeni, ofofó, atiyú, afóyuddi" (todas son palabras obscenas en el lenguaje yoruba).
 
Tan pronto como se fue Ochún, los santeros explicaron al infortunado omo-orisha lo que había sucedido durante su posesión por la diosa. Dos días más tarde despertó ardiendo en fiebre y recordando que Ochún le había dado solamente tres días para devolverle sus propiedades; se apresuró a la casa de empeños para recuperar el manto, nada más para saber que ya había sido vendido. Decidió comprar otro del mismo color y luego fue al mercado, donde compró con sus últimos centavos un pavo real pequeño. Volvió a su hogar, temblando de fiebre, para entregar a Ochún los objetos recién adquiridos. Creyéndose perdonado, se metió al lecho sólo para ser poseído otra vez por la orisha, que estaba el doble de furiosa que en su primera visita.

"Este no es mi pavo real", gritó, "mi aggüeni era enorme. Era gan-gán. Era así de grande" y señaló exageradamente una distancia a 1.20 m del suelo. "Y este no es mi manto. Este es un manto feo, barato, que compró este hombre miserable en un bazar". Su cólera no tenía límites. Dijo a los santeros que se reunieron prontamente a sus gritos que el omo-orisha sería metido en la cárcel por esa ofensa y que pagaría con la vida el insulto a su dignidad.
 
Pocos días después, la policía fue a buscar al santero, que había olvidado pagar algunas cuentas, y pasó algunos días en la cárcel, hasta que su esposa pudo pagar la fianza. Un poco más tarde padeció una afección estomacal grave y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente y casi murió durante su confinamiento en el hospital. La cólera de Ochún pudo calmarse únicamente con las oraciones de otros santeros y así pudo escapar el omo-orisha de lo que llamó una muerte segura.

Dice la leyenda que Ochún es la hermana de Changó, pero también su amante; constantemente está luchando con Oyá, quien también es una de las concubinas de Changó, para obtener los favores de éste. En una historia, Changó se quejó con Ochún de que Oyá no lo dejaba abandonar la casa. Oyá conocía su miedo a ikú (la "muerte") y, como ella es uno de los guardianes de los cementerios, trajo esqueletos innumerables a la casa y los apostó ante cada puerta y ventana, en tal forma que Changó no pudiera salir del lugar.
 
Ochún pintó con cascarilla la cara de Changó y fue a la puerta principal a coquetear con el ikú que estaba custodiándola. Mientras el esqueleto hacia insinuaciones a Ochún, Changó salió disfrazado con la cascarilla y pudo escapar de Oyá.

Según otra leyenda, Ochún, hizo la primera lámpara con una calabaza. En los güemileres baila frecuentemente con una calabaza dentro de la cual se ha encendido una vela. Siempre guarda en estos frutos su oro y todos sus implementos para la brujería.
 
Muchos de los ebbós preparados bajo su influencia son hechos con una calabaza. Un encantamiento de esta clase se hace para obligar a regresar a un amante. El santero ahueca una calabaza y pone dentro cinco uñas de gallo, un huevo, pimienta, mejorana, agua florida, un artículo personal del individuo a quien se quiere hacer volver y su nombre escrito en un trozo de papel. Escupe tres veces dentro de la calabaza y la pone frente a te imagen de Ochún, donde permanece durante diez días. Al terminar este periodo lanza la calabaza al río. Según los santeros, este ebbó proporciona la garantía del retorno hasta del amante más renuente.


También puede hacerse mucho mal con una calabaza, asegura un santero que conozco, quien me ha hablado de un bilongo que emplea las hojas de la calabaza. Siempre que el santero quiere perjudicar a alguien reúne tres tipos distintos de cenizas y los envuelve en una hoja de calabaza, junto con un artículo personal de la presunta víctima y su nombre escrito en un pedazo de papel. Pide a Ochún que trasforme en cenizas la vida de la persona y entierra la hoja. Poco después de esto, su enemigo muere o tiene un destino terrible. El mismo santero dice que un bitongo preparado con siete hojas de calabaza y veintiún granos de pimienta molidos, pueden demoler con gran facilidad un edificio.

Tal vez este fue el bilongo empleado contra una iyalocha bien conocida de la calle Delancey en -la ciudad de Nueva York, llamada solamente doña Catalina, quien tuvo una discusión con otra santera y un poco más tarde tuvo la experiencia desdichada de ver que un coche chocaba contra un costado de su edificio de cuatro pisos, que se desplomó muy prontamente al suelo. Por fortuna no resultó herido nadie en el accidente y la iyalocha pudo comprar otro edificio en la vecindad, con la ayuda de Ochún.

Se preparan muchos hechizos con auxilio de Ochún.
 

ORACIÓN

Madre Ochún dame tu bendición
y vísteme con tus encantos,
para poder atraer el amor a mi vida,
que yo pueda ser vista
a tu imagen y semejanza,
dulce, bondadosa, atractiva,
sensual, amorosa y bella.

 
Para que los hombres
fijen en mi sus miradas
y se sientan atraídos hacia mi,
como las abejas a la miel.

Para que queden seducidos y conquistados,
para que se enamoren de mi
para siempre, para la eternidad.

Madre mía, Dueña del Río,
del mundo donde
todo hijo de Santo va a bañarse,
para recibir la bendición del agua dulce,
para tener amor, felicidad, alegría y fortuna.

Mujer con su saya
y sus cinco Pañuelos para bailar,
Reina linda con su risa y alegría,
pero hay que tener cuidado
no conocemos cuando está brava.
 
Mujer Muertera,
Mensajera de Olofin
Odukú Gracias.

EN YORUBA

OchúnYeyé Mi Ogá ni gbogbo ibú,
laye nibo gbogbo o´mó orisha
leuwé nitosi gba obukán,
ni omí didun nitosi oni Alafia
ati ayo onbirin kue lu re che wiwo
ti re ma ru achó géle nitosi
go ayaba ewe kuelu re reri
ati ao augbón be oni cho nitoriti
ko mou nigbati wa ibinu obirin
 ikú ikó ni Olofin Adukué.
 

 

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