SANTA GENOVEVA, ORACIÓN MILAGROSA PARA SOLICITAR SU AYUDA

 
 
Santa Genoveva es, en Francia, una de las figuras máximas de la piedad y de la acción. Diversos templos perpetúan su memoria, y su espíritus sigue inspirando a los hombres de buena voluntad.
 
ORACIÓN
 
Gloriosa y humilde Santa Genoveva,
tu nombre significa "Hija del Cielo"
y no sin razón, pues una verdadera enviada celestial
eres para tus devotos, entre los que me encuentro,
pues nadie mejor que tu para escuchar con solícito amor
las peticiones que a ti dirigimos
para recibir consuelo y ayuda
en nuestras penas, tristezas y necesidades.

Viviste en una época de calamidades,
de lucha y de peligros para la fe,
pero tu grandeza ante los ojos de Dios
te sirvió para convertirte en heroína
de tu ciudad francesa, cuando esta iba a ser invadida.


Bendita Santa Genoveva, virgen,
patrona y defensora de París,
desde niña resplandeció en ti la gracia de Señor,
porque fuiste admirable, llena de virtudes:
caridad, humildad, prudencia, paciencia,
mansedumbre, son solo algunas de ellas.

Siempre ha obrado Dios, por tu preciosa intercesión,
infinidad de milagros para tus devotos:

Tú que curaste a los enfermos
y alimentaste a los hambrientos,
obtén la luz de Dios y haznos más fuertes
para rechazar la tentación.
 
Tú que siempre te preocupaste por los pobres,
protege a los enfermos, a los necesitados,
a los abandonados y a los desempleados.
 
Tú, que resististe a los ejércitos y alentaste a los sitiados,
danos la dirección de la verdad y la justicia.
Tú que a través de los siglos
nunca dejaste de cuidar a tu gente,
ayúdanos a guardar las enseñanzas
de nuestro Señor Jesucristo.
 
Que tu ejemplo sea para nosotros,
un estímulo para buscar siempre a Dios
y servirlo a través de nuestros hermanos y hermanas.

Amén.

Danos, Señor, el espíritu de inteligencia y amor
con que llenaste a tu hija, Genoveva,
para que, atentos a tu servicio
y procurando hacer tu voluntad,
podamos complacerte con nuestra fe y nuestras obras. 
Te lo pedimos a través de nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo,
un solo Dios,
por los siglos de los siglos.

Amén.
 
Es curioso que la hermosa ciudad de París, capital de Francia, tenga sus mayores deudas de gratitud espiritual para con dos mujeres, en dos diferentes épocas de su historia. Y no dos mujeres comunes, sino santas.
 
Ellas, de espíritu religioso en extremo, pidieron a los hombres de armas, a los guerreros, que defendiesen por la fuerza su suelo amenazado. La entereza y la fe de ambas heroínas de la virtud, hizo posible en gran parte la salvación de Lutecia primero, de París después, según las épocas en que ocurrieron los hechos, pues Lutecia se llamó en un principio la actual capital de Francia.


Las dos mujeres a que hacemos referencia, son, por su orden cronológico, Santa Genoveva y Santa Juana de Arco.

La historia de la primera se remonta a los tres primeros siglos de la Era Cristiana. Francia era entonces un territorio dominado por Roma, y estaba poblado por galos y francos, principalmente. Lutecia era una de sus principales ciudades, situada a orillas del río Sena, por cuyas aguas se efectuaba el comercio. Pero ese territorio estaba amenazado por los bárbaros de Alemania y de Europa Central, los cuales terminaron por penetrar en él, apoderándose de varios puntos importantes.

En Lutecia corrió el rumor de que los bárbaros marchaban ya rumbo a la ciudad, y la mayoría de los vecinos se dispuso a evacuar la plaza. Fue entonces cuando Genoveva salió a arengarlos por las calles, pidiéndoles valor para quedarse a defender sus intereses, en vez de huir.

Les aseguró además, según la tradición, que si se quedaban los bárbaros resolverían no atacar la ciudad.

Los habitantes de Lutecia, en gran número, oyeron la voz de Genoveva y regresaron a sus hogares en espera de los acontecimientos y animados por un nuevo sentimiento de valor y confianza. El vaticinio de la santa se cumplió: los bárbaros desviaron su ruta, y no entraron en Lutecia.

Desde ese acontecimiento, el prestigio de Genoveva creció inmensamente. Hombres y mujeres de todas partes acudían a ella en demanda de consejo. Y este prestigio llegó a ser tan grande, que los habitantes de Lutecia terminaron por nombrarla patrona de la ciudad.

Así se la considera hasta nuestros días. Santa Genoveva de París, en la conciencia de los parisinos, es la protectora espiritual de la Ciudad Luz.

Juana de Arco, muchos siglos después, fue también la salvadora de París. En la misma capilla donde solía orar Santa Genoveva, Juana de Arco fue a encomendarse al cielo para triunfar en la empresa grandiosa de liberar a Francia de los invasores ingleses.

Juana no sólo arengó a sus compatriotas, sino que tomó ella misma las armas y luchó por la causa. Como Genoveva, tuvo visiones proféticas. Según declaró, una "voz misteriosa" le ordenaba ejecutar lo que ella realizaba sin vacilar. El resultado final de la empresa, fue la liberación de Francia por la expulsión de los invasores.

 

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