SAN CIPRIANO, ORACIÓN PARA CORTAR HECHIZOS Y ATADURAS


ORACIÓN

Glorioso San Cipriano,
tú que después de haber servido a Satanás
tuviste noticia de Nuestro Señor Jesucristo
a través de la grácil Justina,
y accediste a su veneración y servicio
hasta entregarle la vida
en un tortuoso martirio
por amor al y verdadero Dios y Señor.

San Cipriano, bendito santo,
te pedimos que intercedas
ante Nuestro Señor Jesucristo
para destruir toda atadura,
ligadura o hechizo que el Demonio haga
contra nuestro cuerpo y alma.

San Cipriano dame la fuerza y perseverancia
para servir a Cristo Jesús
como hiciste y serviste tu,
con alegría y amor
todos los días de mi vida
y alcanzar la salvación eterna.
También concédeme santo mío
la gracia que en esta plegaria te pido,
que es de extrema urgencia y necesidad,
para remediar los asuntos
que afligen a mi cuerpo y a mi alma
y no me permiten avanzar sin sufrimiento
en el camino de mi vida
(Pedir la gracia que se desea alcanzar)
Ayúdame a alcanzar la paz
con tu benevolencia y tu ayuda,
que yo tu devoto, sabré agradecerte
el favor que me brindas
con amor y dedicación a tu causa.

Amén. 

Ahora se rezan tres Padrenuestros y Gloria. 

Para que sea más efectiva la oración se repite 
durante tres días seguidos. 

Es conveniente quemar incienso o un sahumerio 
el último día. 
Se puede encender una vela verde oscuro, marrón o azul. 



BIOGRAFÍA BREVE

San Cipriano se convirtió en el obispo de Cartago, África del Norte, en el año 249  de nuestra Era, y fue martirizado por la fe en el año 258, el 14 de septiembre, que más tarde se convirtió en la fiesta de la Santa Cruz. Hoy, la fiesta de San Cipriano se celebra el 16 de septiembre.

Grande en su vida, San Cipriano fue aún mayor en la muerte

Fue el 14 de septiembre del año 258. Ordenó que se le entregaran 25 piezas de oro a su verdugo y, quitándose la túnica, se la entregó a los diáconos. Él mismo se ató el vendaje a los ojos. Un sacerdote, asistido por un subdiácono, ató sus manos, mientras la gente extendía lienzos alrededor de él para recoger su sangre.
No fue hasta que el mismo obispo había dado la orden de su ejecución, que el verdugo, temblando, bajó su espada y le cortó la cabeza.
Por la noche, los fieles vinieron con antorchas y cantando himnos para enterrar a San Cipriano.

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