SAN OSCAR, ORACIÓN AL SANTO QUE TE AYUDA A TRIUNFAR EN TUS EMPRESAS CONCEDIENDOTE FUERZA, TESÓN, PACIENCIA Y PERSEVERANCIA

 
Cuando tengas la necesidad de obtener coraje, tesón y perseverancia para triunfar en cualquiera de tus empresas, trabajos o motivaciones, no dudes en recurrir a San Oscar. El nunca dejó de insistir en sus convicciones y sus trabajos dieron fruto a lo largo del tiempo. Hoy es santo patrono de Dinamarca por la labor de evangelización que allí desarrolló que fue laboriosa y en su tiempo no fue exitosa, pero hoy tiene todo el reconocimiento que merece.
 
ORACIÓN:

Padre, Dios mío Todopoderoso,
que enviaste a San Oscar
para llevar la luz de Cristo a muchas naciones.

Que las oraciones que hacia él dirigimos
nos ayuden a caminar a la luz de su verdad.
 
A ti, glorioso San Oscar,
que tantos y tan laborioso trabajos
dedicaste en tu labor misionera,
y que viendo constantemente tu trabajo destruido
nunca dejaste de perseverar.
 
Concédeme los dones de fuerza,
tesón, perseverancia y paciencia
para que en mis luchas y trabajos
yo logre obtener con el tiempo
el éxito que tu has conseguido.
 
No me dejes desfallecer,
no me dejes caer en el desánimo,
no permitas que caiga en el abandono.
 
Tu bien sabes que mis proyectos son viables,
que soy trabajador infatigable,
y que con tu ayuda podré sacar adelante
las misiones que me he establecido,
solo necesito que con tu ayuda e intercesión
Dios, me otorgue la voluntad necesaria
para conseguir las victorias propuestas.

¡Oh buen Dios!  por medio de nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo, que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y con la intercesión de mi abogado San Oscar
ayúdame a vencer, con tesón y perseverancia. 

Amén. 

San Oscar nació en el año 801. Se convirtió en monje de la Abadía de Corbie, y en 826 se dispuso a predicar el Evangelio en Dinamarca, y luego en Suecia. Fue nombrado obispo de Hamburgo y legado papal en Dinamarca y Suecia por Gregorio IV. Su trabajo tuvo muchas dificultades y no tuvo mucho éxito, pero nunca se desanimó. Murió en el año 865.

La historia registra lo que las personas hacen, en lugar de lo que son. Sin embargo, el coraje y la perseverancia de hombres y mujeres como San Oscar, solo pueden provenir de una base sólida de unión con el valeroso y perseverante misionero. La vida de Oscar es otro recordatorio de que Dios escribe directamente con líneas torcidas. Cristo cuida los efectos del apostolado a su manera; primero se preocupa por la pureza de los apóstoles.

San Oscar trabajó muy duro, vivió para ver su trabajo destruido y sus esfuerzos parecieron ser aparentemente infructuosos. Pero el tiempo ha demostrado todo lo contrario.

Mirando la vida de San Oscar, vemos una derrota tras otra. Sin embargo, fue un ganador en todas las cosas que realmente importan en la vida: en el amor y la devoción, el sacrificio y la oración, en la entrega de uno mismo a Dios y a los demás.
 
El nombre de Oscar es hoy bastante conocido. Pero muy pocos sabrán de dónde deriva, y si les dijéramos que de Ansgar o Anscario, no verían la relación entre ellos. Pues bien, Ansgar es el nombre original, primitivo, del que más tarde se derivó Anscario, y por último, Oscar.
 
Así se llamó si extraordinario varón famoso por su misión apostólica.
 
Escandinavia, como se sabe, se compone de tres países: Noruega, Suecia y Dinamarca. En la época anterior a su evangelización, estas tierras estaban gobernadas por los normandos, u hombres del norte que también eran conocidos como vikingos.

Hasta el siglo IX, eran paganos casi en su totalidad, y además politeístas, o sea que creían en varios dioses, cada uno con diversas atribuciones. Thor, su dios de la guerra, por ejemplo, es semejante al dios Marte.
Eran sumamente belicosos, conquistadores, piratas; carecían del sentido del amor, que es esencia del cristianismo. Sin embargo, como todos los pueblos de la tierra, los normandos estaban también dotados de un instinto del bien y de un afán por el conocimiento de la verdad.
 
Por ello, las misiones de apostolado cristiano que encabezó San Oscar, no fueron estériles. Al verlo predicar con el ejemplo, los normandos reconocieron en Oscar a un emisario de la verdad, y poco a poco se fueron convirtiendo a la fe de Cristo.
 
Fue tan eficaz su apostolado, que el papa Gregorio IV lo hizo consagrar obispo y lo nombró legado pontificio para todo el mundo escandinavo, incluyendo a Islandia y Groenlandia.
 
Una de las más hermosas tareas emprendidas por San Oscar fue, sin duda, la liberación de esclavos. Compraba jóvenes noruegos, suecos y daneses, y después de libertarlos los instruía en el cristianismo, les daba conciencia de su libertad y de su redención. El resultado de esta misión caritativa fue que los liberados, en gran número, se volvieron propagadores de la fe y misioneros, a su vez, en sus países de origen.

San óscar murió a los sesenta y cuatro años de edad, el 3 de febrero del año 865. Para la mayor exaltación de su memoria basta contemplar a la Escandinavia actual: una región del mundo donde ha florecido la civilización cristiana, y cuyas normas de respeto, paz y buena voluntad para con los demás pueblos de la tierra, están inspiradas, precisamente, por su visión cristiana del mundo.
 
San Oscar es un personaje dotado de una gran dulzura, de una gran capacidad espiritual, persuasivo y amoroso, pero, al mismo tiempo, con un admirable sentido de la realidad histórica que le tocó vivir. Es, quizá, el primer "libertador de esclavos", y no solamente en el aspecto material, sino —lo que es más importante, y basta para inmortalizar su obra— en el aspecto espiritual, redimiendo a los cautivos por medio del amor y la fe.
 
Recordemos ¡La vida de San Oscar, el apóstol del norte, para ser vencedores en Cristo!
 

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