SAN FRANCISCO DE SALES, ORACIÓN PARA PEDIRLE UN FAVOR PERSONAL URGENTE

 
Maestro enviado desde el Cielo,
luz y amor verdadero para todas las almas,
Glorioso San Francisco de Sales,
que siempre quisiste ante todas cosas
que en los corazones reinase
la belleza y la simplicidad de amor,
para conseguir que las almas  
fuera enteramente de Dios.
 
Hoy que en la vida eterna
disfruta tu corazón en el supremo bien,
como buscaste en todos tus actos
de tu santa vida terrenal: 
alcánzame del Corazón de Jesús
esta unidad y pureza de amor,
y la gracia especial que deseo,
y que te suplico en esta plegaria 
si ha de conducir a la mayor gloria del Señor.

Glorioso San Francisco de Sales, 
que suavizaste el tortuoso camino
para la perfección cristiana,
para que las almas con alas de paloma,
como deseaba David,
volaran a descansar unidas con el sumo bien,
en la santa libertad de espíritu,
deshaciéndolas de todas las cosas,
personas, empleos y lugares,
siguiendo la santa voluntad de Dios:
alcánzame del Corazón de Jesús
la paz del alma, la salud del cuerpo
y la gracia personal que
con tanta urgencia necesito
y con tanta fe y esperanza te solicito:
 
(Hacer la petición de un favor personal)

Dulcísimo San Francisco de Sales,
que mirabas a todas las personas 
situadas dentro del costado del Salvador
para deshacerte (como tú mismo dijiste)
en dulzura de caridad con ellos,
alcánzame del mismo Corazón de Jesús,
de donde tú la participaste,
esta dulzura de caridad con el prójimo,
para que amándole como a mi mismo,
sea solamente un corazón y un alma
donde perfectamente reine Dios por siempre
en estado de amor y de gracia.
 
Amén.
 
Para saber más de San Francisco de Sales...
 
Patrono de los periodistas y escritores católicos (según lo declaró Pío XI en su Encíclica del 26 de enero de 1923), el famoso santo Francisco de Sales, fue hijo primogénito de una de las más nobles, antiguas y distinguidas familias de Saboya, y por su obra ascética, memorables escritos y ejemplar virtud, está reconocido como uno de los más altos maestros de almas que hayan existido.
 
Murió en 1622,  cuando tenía cincuenta y cinco años, pero su obra continúa viviendo en el corazón fiel de la humanidad.
 
Fue beatificado en 1661, canonizado en 1665 por Alejandro VII y, finalmente, proclamado doctor de la Iglesia universal por Pío IX en 1877.
 
Los que han comentado su vida afirman que tuvo una brillante fantasía, feliz memoria, clara inteligencia y un corazón dulce y sensible.
 
Muy joven pasó a estudiar en el Colegio de Clermont (París), dirigido por la Compañía de Jesús. Luego se dirigió a Padua, en cuya Universidad siguió la carrera de derecho o jurisprudencia, graduándose doctor cuando tenía 24 años. Más adelante, renunciando a la brillante posición y enlace que su padre le prometía, abrazó la carrera eclesiástica.
 
El obispo de Ginebra y el duque de Saboya lo nombraron misionero en Chablais, territorio dominado por los herejes, y se dirigió allá, no obstante la negativa de sus familiares y amigos.
 
Tan magnífica fue su obra espiritual, debida principalmente a su celo y predicación, que el obispo Granier le nombró su coadjutor, siendo después, en 1602, elevado a la dignidad episcopal.
 
Siendo obispo de Ginebra, desarrolló una intensa actividad apostólica, fundando con la baronesa de Chantal (Santa Juana Francisca de Frémiot), el Instituto de la Visitación, y escribiendo importantes obras ascéticas, que han servido de guía en el camino espiritual a gran número de personas.
 
Fue un autorizado maestro de almas. Los fundamentos de su escuela sostienen que la santidad y la perfección evangélica son cosa sencilla, alegre y para todos sin excepción. No sólo defendía y exaltaba las llamadas grandes virtudes, como la pobreza, la obediencia y la castidad; también amaba profundamente las pequeñas virtudes que, como la sencillez, verdad y trato atento y sufrido, son diminutas prendas del alma y conducen a la vida superior.
 
De estas virtudes dejó notables ejemplos en su conducta y continuas exhortaciones en sus celebrados escritos. Pueden citarse entre sus principales obras la Introducción a la Vida Devota, que ha sido traducida a todos los idiomas modernos y de la que se han hecho grandes elogios; la Práctica del amor de Dios, libro escrito a instancias de Santa Juana de Chantal y primeras religiosas de la Visitación y, por último, las célebres Controversias o Meditaciones, así como sus incomparables sermones, publicados pocos años después de su muerte.
 
En todas estas obras resplandecen su estilo y la profundidad de su pensamiento, y además la forma amena y sutil del conversador persuasivo, de vieja prosapia francesa.
 
Como hombre, como religioso y como escritor, San Francisco de Sales es una de las figuras más bellas en la historia espiritual del mundo. Nadie puede olvidar su obra ni ignorar sus escritos, tan ágiles y certeros que Pío XI, como se dijo al comienzo, lo nombró patrono de los periodistas y escritores católicos.




 

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