JUANA WEISS, ORACIÓN PARA MEJORAS LABORALES DE LAS EMPLEADAS DEL HOGAR

 
ORACIÓN
 
Venerada Juana Weiss,
luchadora infatigable por los derechos sociales,
de los trabajadores más humildes
especialmente de las mujeres:

Gracias por los logros que conseguiste
hace ya más de un siglo
y que hicieron que las trabajadoras del hogar
consiguieran algunos derechos básicos,
ya que desde la antigüedad, eran inexistentes
en esta dura y digna profesión
que estaba considerada como labor
para las clases sociales bajas
y casi en términos de esclavitud.

Pese a tu gran lucha, hoy en día,
sigue faltando la consecución
de mejoras laborales y nuevos derechos
para que este oficio, desempeñado en su mayor parte
por mujeres trabajadoras abnegadas,
esté a la altura de otros mejor cualificados,
donde se trabaja menos y se remunera mejor.

A ti, que siempre mantuviste la fe,
que practicaste la caridad cristiana,
y que nunca dejaste de luchar
por mejorar la vida de las trabajadoras del hogar
te suplico que intercedas ante Dios
para que mis condiciones laborales mejoren,
ya que las que mantengo actualmente
apenas me llegan para sobrevivir.

Luchadora infatigable,
se mi intercesora, y consigue que mi trabajo
sea cada día mas llevadero y más próspero,
yo te prometo tenerte siempre en mi oraciones
para mayor gloria de tu alma.

Amén
 
Honor a los Humildes

Nunca se insistirá lo suficiente en el campo de acción cristiana que tiene todo hombre y toda mujer. En los tiempos modernos, especialmente, la diversificación de actividades permite también una gran variedad de aplicaciones de la doctrina social de la Iglesia, aunque, en realidad, puede afirmarse que toda acción cristiana se deriva del apostolado que dice:
 
"En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros, como Yo os he amado."
 
Esas maravillosas palabras de Cristo resuenan y resonarán siempre en las conciencias.
 
Juana Weiss ejercitó su doctrina religiosa en un campo humildísimo: el de la servidumbre doméstica; por lo tanto, la ejercito en un terreno predilecto de Cristo, que ama sobre todo a los humildes.
 
Juana fue sirvienta; experimentó, pues, en carne propia, las injusticias y penalidades a que estaban sujetos los criados de Austria en aquel tiempo. Sin embargo, había en ella una fuerza, un sentimiento vivo de amor y de justicia que no le permitieron doblegarse a aquel estado de cosas, sino que la impulsaron a luchar noblemente y con todo ardor por el mejoramiento de las condiciones jurídicas y sociales de la clase trabajadora a la que pertenecía.
 
Antes que se legalizaran e implantaran las reformas que Juana Weiss promovió en favor de los sirvientes, las condiciones de éstos eran, como todavía lo son en muchos lugares, deplorables.
 
Cuando una criada envejecía, era despedida de su empleo y abandonada a su suerte; lo mismo sucedía si enfermaba o quedaba inválida.
 
Sus horas libres eran muy escasas, y aun en los días de asueto quedaban bajo la estrecha vigilancia de sus patrones. Pero aquí viene lo inconcebible: Si acaso cometían alguna falta, los amos tenían derecho a aplicarles castigos físicos, ¡con la única condición de que éstos "no dañasen ni su salud ni su cuerpo"!
 
¿Cabe algo más absurdo? ¿Podemos imaginarnos a un criado recibiendo azotes que sin embargo no lesionan su cuerpo? También se les podía dejar sin comer o sin dormir.  ¡En tanto esto no perjudicara su salud!

Existía, pues, un reglamento para el trato de los sirvientes sumamente desventajoso y hasta cruel.
 
El papa León XIII, en el siglo XIX, puntualizó cuál debía ser la doctrina social de los cristianos con respecto a la relación de patrones y trabajadores. Su célebre encíclica Rerum Novarum la expresaba claramente.
 
Juana Weiss se inspiró en ese ordenamiento doctrinario para realizar su obra, plena de caridad y de justicia.
 
En 1909 quedó fundada la Unión de las Auxiliares Domésticas Cristianas. La dignificación del gremio comenzaba ya desde el nombre del organismo al que pertenecían, pues en vez de los términos humillantes de "criada" o "sirvienta", se usaba el de "auxiliar doméstica".
 
Se creó un hogar para ellas, con un dormitorio; en él encontraban cierta independencia y descanso; en él, también, se recibía a las campesinas o provincianas que llegaban a Viena en busca de trabajo, evitándoles caer en manos de explotadores sin escrúpulos, que las engañaban, pidiéndoles dinero por un supuesto trabajo: iban las pobres a una dirección determinada, ilusionadas por un contrato que les había costado sus escasas economías, y se encontraban con que todo había sido mentira.
 
En el hogar que se creó para ellas, en fin, se las cuidaba y protegía, ya que representaban a una clase obrera muy sufrida.
 
En 1912 quedó abolido el antiguo y absurdo reglamento de sirvientes en Austria, gracias a la abnegación y a la eficacia de Juana Weiss. En 1916, ésta habló en el parlamento austriaco, y logró que se eximiera de vigilancia policiaca a las auxiliares domésticas, que se legalizara el contrato laboral, y que se autorizara el uso de credenciales con retratos de las obreras asociadas.
 
Y por encima de estas conquistas materiales, imprimió a todo el signo de la fe en Dios.


 

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