SAN JOSÉ CAFASSO, ORACIÓN PARA PEDIR SU AYUDA Y PROTECCIÓN PARA UN PRESO

 
Haznos dignos, Señor,
de servir a las personas en todo el mundo
que viven y mueren en la pobreza y el hambre
al igual que hizo tu siervo
san José Cafasso.
 
Dales a través de nuestras manos, 
este día, su pan de cada día, 
y por nuestro entendimiento, 
dales amor, dales paz y alegría.
 
A ti, Glorioso San José Cafasso,
que naciste con una dolorosa anomalía
que afectó tu salud física y moral
y aún a pesar de esta deformidad,
ayunaste y viviste santamente,
a ti, que tanto ayudaste a los presos
dándoles apoyo, consuelo y ayuda,
a ti te invoco hoy para solicitar
tu valiosa protección y ayuda. 

 
Siempre devoto como un niño,
miembro de la Tercera Orden Franciscanos,
profesor, capellán y rector de una universidad,
fuiste reconocido por su trabajo
entre los prisioneros italianos, reconfortándolos, convirtiéndolos antes de que fueran ajusticiados,
te pido que veles por___________
que se encuentra privado de libertad
y temo por su vida a manos de sus enemigos.

Protégele de todo peligro, glorioso santo,
no permitas que sea agredido
antes bien, cuida de él como su ángel guardián,
y no permitas que su salud se resienta. 

Calma su espíritu y no permitas
que participe de discusiones y rencillas,
infúndele calma y tranquilidad. 

Humilde San José Cafasso, 
que como el Padre Pío y San Juan Vianney, 
pasaste muchas horas en el confesionario. 

Oremos para que podamos aprovechar
este misericordioso sacramento
y acudir a él a menudo.

San José, usted era un amigo
y consejero espiritual de Don Bosco,
alentándolo en su trabajo con los niños de la calle.

Oremos para que todos tengamos amigos sagrados
y mentores que puedan ayudarnos
a acercarnos más a Dios.

San José, que nunca dejaste que tu frágil salud
te frenase ni te quejaste del dolor,
oremos para que podamos soportar nuestros sufrimientos con paciencia en unión con Cristo Jesús.

Así sea.

Rezar tres Padrenuestros y Gloria.

Esta oración es muy efectiva si se hace con mucha fe.
Se repite, junto a los rezos por tres días seguidos.
 
San José Cafasso, como todos los santos, fue un hombre esencialmente humilde, condición inseparable de la verdadera santidad. ¿De qué modo experimenta la humildad uno de estos varones impecables?
 
Puede darnos una idea la homilía escrita por San Juan Crisóstomo cuando fue ordenado presbítero, a fines del siglo IV de nuestra era:
 
"¿Serán por ventura reales las cosas que me están sucediendo?...
 
¿Quién podría creer que, siendo de día y estando todos los hombres despiertos y en vigilia, un pobrecillo y despreciado y de ínfima clase, haya sido encumbrado a tan grande alteza de dignidad?. . . ¡Una ciudad de tanta grandeza y tan populosa y un pueblo tan admirable, se desvive por la pequeñez mía, como si fuera a escuchar de mis labios alguna cosa notable y preclara!
 
Mas he aquí que aunque de mí brotara, al modo de los ríos perennes, el discurso, y aunque estuvieran en mi boca las fuentes de la elocuencia, todavía, por el miedo a este concurso de tan inmensa multitud que corre a escucharme, se detendría la corriente y los ríos se volverían hacia atrás.
 
"Ahora, en cambio, como esté yo tan lejos de la abundancia de los ríos y de las fuentes que ni siquiera llego a lo exiguo de una mediana llovizna, ¿cómo puede suceder que no se extinga necesariamente mi pequeño caudal, desecado por el temor, y que no me suceda exactamente lo que en lo corporal suele sucedernos?
 
¡Que muchas veces, precisamente por el temor, se nos caen de las manos las cosas que en ellas tenemos y con los dedos apretamos, porque se nos aflojan los nervios y el cuerpo todo se nos relaja en su vigor!
 
Este es el miedo que yo tengo ahora: que los discursos que con tanto trabajo he preparado, aunque sean verdaderamente humildes y de ninguna importancia, se me olviden con el temor y se me evaporen y se me vayan y dejen desierto mi espíritu.
 
Por lo cual, os ruego a todos vosotros por igual, a los que tenéis el mando y a los que al mando obedecéis, que, en la medida que fue grande el nerviosismo en que nos colocasteis por vuestro apresuramiento en venir a escucharnos, así sea grande la audacia con que hablemos, inspirados por la diligencia de vuestras oraciones; y que supliquéis al que da palabras de grande virtud a los que anuncian la Buena Nueva, nos las de también a nosotros y sea Él quien abra nuestra boca.
 
Ningún trabajo será para vosotros, tantos y tan esclarecidos varones, levantar el ánimo de un pobrecito, decaído a causa del temor. Más aún: es cosa conveniente y justa que nos concedáis lo que ahora os pedimos, ya que sólo en vuestro favor y por amor a vosotros, hemos echado a suertes este discurso; motivo más fuerte y poderoso que otro cualquiera, puesto que a nosotros, que no tenemos excesiva experiencia en el hablar, ha logrado movernos y nos ha arrastrado al púlpito, y nos ha hecho salir al medio del estadio de la enseñanza, a pesar de que anteriormente no habíamos aprendido este género de certámenes; sino que, colocados perpetuamente en las filas de los oyentes, habíamos gozado sin trabajo de completa tranquilidad."
 
De tan modesta manera consideraba San Juan Crisóstomo sus dotes para el magisterio eclesiástico, a pesar de que desde entonces hasta nuestros días, se le considera como uno de los más brillantes oradores de la Iglesia.
 
Y no es que tuviera una idea falsa acerca de estas dotes, sino que se esforzaba en no atribuirse el mérito de ellas, supuesto que provenían de Dios en cuanto eran buenas.
 
Tal es lo esencial de la humildad: aceptar sencillamente los dones con que Dios nos favorece y emplearlos, sin envanecerse, en provecho de la comunidad.




0 comentarios:

Publicar un comentario

Entradas populares

Entrada destacada

DICCIONARIO DE SANTERÍA

Abikú: Un espíritu dañino que posesiona a un niño pequeño y lo enferma hasta que muere.   Acuelle: Bendición.   Afoché: Un polvo...